La Visión del Hijo del Hombre [III]

“Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, … y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas”  (Apocalipsis 1:12,15|RV60)

Al recordar la muerte de Cristo, no podemos ignorar su lastimado aspecto en cruz, el cual es descrito fielmente por el profeta Isaías al mencionar, “no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo”(Isaías 53:3). Sin embargo, el evangelista Juan el cual lo vio en esas trágicas condiciones, le es mostrado su nuevo y actual aspecto, el cual Jesús relévelo es su Apocalipsis. Meditemos por tercera vez, en el aspecto de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo del Hombre:

  • Sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno” (Apocalipsis 1:15a).  Los pies de nuestro Señor Jesús fueron trapazado por un clavo, el cual lo sujetaban fuertemente a la cruz pero a la vez lo hería ya que soportaba parcialmente su peso. Sin embargo, cuando se presenta ante juan en la visión del apocalipsis el aspecto de su pies había cambiado, de estar completamente heridos a  ser totalmente impenetrables como el bronce, el cual representa la fuerza de Dios. Ya nuca mas los pies del Salvador serán traspasados, ahora en su plena gloria muestran su fuerza y majestad como el bronce bruñido, refulgente como cuando esta en un horno.
  • Su voz como estruendo de muchas aguas” (Apocalipsis 1:15b). La tierna voz del cristo crucificado mostraba sumisión al Padre Celestial, pero también  la gran compasión por los que no entendían que estaba asesinado al creador. Ahora en el mismo cielo donde lo observo el apóstol Juan, su voz es fuerte y poderosa como el estruendo de una cascada, como el rugir de León de la Tribu de Judá, la cual también oyó el profeta Ezequiel (Ezequiel 43:2). Ya no mas la voz de Jesucristo estará triste, ahora su voz es de poder y juicio, la cual juzgara a todas la naciones en su día.

Aunque su aspecto fue degradado por la tortura y por la crucifixión, ahora nuestro Señor Jesucristo se encuentra en toda gloria y majestad, digno de toda alabaza por que el es Dios Poderoso en el universo. Meditemos en su amor el cual no escatimo al degradar su aspecto en la cruz de clavario por salvarnos.

Finalmente el próximo domingo seguiremos meditando por ultima vez en la imagen de Cristo vista por el evangelista Juan.

 

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