Jesucristo, Siervo y Señor

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36|RV60)

El mismo Creador del universo el Hijo de Dios estuvo dispuesto a tomar forma humana, forma de siervo. El Dios Todopoderoso “se despojo de si mismo” de la gloria celestial al entrar en esta tierra, sin embargo nunca abandono su naturaleza divina (no dejo de ser Dios). Tal misterio es revelado a los hombres por el mismo Jesucristo (escrito en los evangelios).

De estar en el trono celestial, Jesús acepto voluntariamente tomar forma de hombre y  así  ser humillado hasta la muerte de cruz. Esto ya había sido profetizado desde el Antiguo Testamento. El profeta Isaías dice del Siervo de Dios en su humillante camino a la cruz: “No hay parecer en él, ni hermosura… Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto… no le estimamos” (Isaías 53). Así mismo el propio Señor Jesús cuando estuvo en la tierra, dijo de si mismo “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28). El propósito del Cristo era el de Servir (dar su vida en rescate por toda la humanidad). Jesús fue obediente hasta la muerte de cruz en la que cumplió la obra de salvación que su Padre (Dios) le había encomendado.

A través de su obediencia en su muerte en la cruz, Jesús satisfizo a Dios Padre. Ahora Él es “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19:16). El triunfo de la cruz lo coloco a la diestra del Padre, en donde intercede por cada hombre que se arrepiente y le acepta como Señor y Salvador. En un futuro llegara el día en no solo los creyentes reconocerán su plena autoridad. En ese día toda rodilla se doblara y en todo idioma se declarara que Jesucristo es el Señor (Filipenses 2:9-11).

Haciendo memoria del sacrificio del Señor Jesús, nosotros lo creyentes podemos reconocerle como Señor mío y Dios mío por su obra en nuestras vidas. Pero lo mas impórtate será poner nuestra vidas bajo su señorío y obedecerle en todo. Esto lo honrara y nos hará muy felices. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén” (Apocalipsis 1:5-6).

” 

 

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