No Vayáis a Egipto

Lectura Devocional: Jeremías 42:1-22

La decisión de ir a Egipto ya estaba hecha, según lo vimos al final del capítulo que leímos ayer y lo confirma el versículo 19. Sólo basta el deseo para que Dios dé por hecha una acción justa o injusta del hombre (Sal. 139:4). Entonces, ¿por qué Johanán y los que vienen con él buscan consejo de parte de Jehová?

Mañana veremos la falsedad de esta petición. Ellos no buscaban sino la justificación de lo que pensaban llevar a cabo según el plan que se habían trazado. Éstos, en el Nuevo Testamento, se comparan con los “que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho” (Jud. 16).

¿Por qué no quiere Dios que vayan a Egipto? “No quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva” (Ez. 33:11). Egipto siempre será símbolo del mundo y de las cosas que en él hay. Ofrece al incauto fama y placer, y el creyente no debe ir allá en busca de bienestar porque “cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4).

Fuente | Publicaciones El Sembrador

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