Jonas Recomisionado

Lectura: Jonás 3:1-10

Hay dos lecciones muy importantes en el primer versículo:

  1. El fracaso no nos absuelve de una responsabilidad. Dios perdona el fracaso, pero insiste en nuestra obediencia.
  2. La gracia de Dios es evidente en la frase “por segunda vez”. Dios no busca otro profeta. Le da otra oportunidad a Jonás.

Cuando Pedro negó al Señor no perdió sus privilegios. El Señor le volvió a encomendar el cuidado de sus ovejas (Jn. 21:15-17) y lo usó poderosamente siete semanas más tarde en Pentecostés (Hch. 2:1,14). Todo parece indicar que un día de predicación en Nínive bastó para empezar a ver resultados (vs. 4,5).

Ningún profeta ni apóstol, ni ayer ni hoy, ha visto la conversión de toda una ciudad en tan pocos días de predicación. Desde el rey, cuyo nombre no se nos da, hasta el menor en el reino, todos creyeron y manifestaron su arrepentimiento con ayuno.

El secreto del éxito de Jonás como predicador radica en que fue enviado por Dios y Dios fue la fuente de su mensaje: “Proclama en ella el mensaje que yo te diré” (v. 2). Un sermón puede ser muy elocuente, pero sin mensaje recibido de Dios, será ineficaz.

Fuente | Publicaciones “El Sembrador”

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