El Endurecimiento de la Incredulidad

Lectura: Hebreos 3:7-19

Las cartas de presentación de Cristo (vea comentario de ayer), superiores a las de Moisés, hacen más fuerte la recomendación del Espíritu: “No endurezcáis vuestros corazones” (v. 8). La actitud del pueblo está contrastada con la condición: “Con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio” (vs. 6,14).

Interpretemos esto con cuidado para no caer en errores. El caso no es que nuestra fe, una vez nacida, pueda menguar y desaparecer llevándose consigo nuestra participación de Cristo. De Israel leemos: “Siempre andan vagando” (v. 10) y “estuvo él disgustado cuarenta años” (v. 17). No es, pues, el caso de una fe que nació y murió, sino de una fe que jamás nació. Recordemos la semilla que cayó en el camino o entre las piedras y jamás llevó fruto (Mt. 13:19-22).

Al contemplar al “apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión”, nuestro corazón se derrite y nace una fe capaz de retener hasta el fin la confianza del principio. Exhortémonos, pues, unos a otros (v. 13), trayendo a la memoria la fidelidad de Cristo y, oyendo así la voz de Dios, mantengamos fértil el campo de nuestro corazón donde crece la fe.

Fuente | Publicaciones “El Sembrador”

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